Mirá las estrellas, hay una que titila cansada
y, justo al lado, otra que intenta opacarla
con intenso brillo.
Quédate recostado
que yo mientras voy encontrando
astros en tu piel fugaz.
En el pecho, tupido, se esconden algunos misterios
Y sin poder develarlos escalo al cuello,
cóncavo de encantos,
salvador de naufragios.
Empieza un descenso anfibio que halla remanso en el ombligo, y más allá.
La caída sigue.
Estrepitosa.
Imparable.
¿Viste la estrella fugaz?
Yo alcancé a pedir un deseo.
