Treinta y sin metáforas

 

Sentí tus dedos subir por mi espalda

buscaron debajo de la camisa

y escalaron.

El otro brazo me envolvía entera

como para que no me pudiera alejar

ni un centímetro.

Yo me ahogaba en tu cuello,

Labios entreabiertos, húmedos.

Tomabas mi cadera con determinación

Y como el vaivén de las olas

Flotábamos en el metro cuadrado.

Treinta minutos, treinta años, 

todo es tan poco.

Es 21 del 10 y yo te vivo

muy literalmente, 

hoy no hay metáforas.