Comienzan a
aparecer algunas marcas delatoras,
en la piel por
ejemplo, o en la mirada.
Las más
importantes son esas profundas
que nacen desde
adentro
y hacen pensar
sostenidamente
sobre esto de la
vida que pasa
y cuánto nos
quedará de ella.
Cómo queremos
transitarla,
qué pudores
perder,
qué
condescendencias dejar de lado,
cuánto arriesgar,
y con qué ganas
ya no queremos quedarnos.
