
Que venga el vértigo a arrancarme las letras,
a desgarrarme entera, a empalagar mis venas...
Temblorosa, rosada y exhausta voy a quitar los velos,
como los prejuicios,
haciendo que arda el corazón hasta incendiarme las manos.
Diré lo que callo y que un soplido me disperse la corteza y las semillas,
la pluma embriagada y las costillas de Adán.
No voy a dejar una gota de sílaba para evitar contradecirme
otra vez mañana, y seguir volando por dónde no se andar.
Me escribo, me rayo, te borro.
Todo queda en estos papeles tentados y flacos,
páginas se llenan como si brotara agua,
Sostengo la boca en su lugar, para germinar con el cuerpo
todas mis variaciones.