
Ese
instante que no se olvida
Tan vacío
devuelto por las sombras
Tan vacío
rechazado por los relojes
Ese pobre
instante adoptado por mi ternura
Desnudo
desnudo de sangre de alas
Sin ojos
para recordar angustias de antaño
Sin
labios para recoger el zumo de las violencias
perdidas
en el canto de los helados campanarios.
Ampáralo
niña ciega de alma
Ponle tus
cabellos escarchados por el fuego
Abrázalo
pequeña estatua de terror.
Señálale
el mundo convulsionado a tus pies
A tus
pies donde mueren las golondrinas
Tiritantes
de pavor frente al futuro
Dile que
los suspiros del mar
Humedecen
las únicas palabras
Por las
que vale vivir.
Alejandra Pizarnik