Como una flor


Entregaba su alma así, abriendo con liviandad las manos,
como si regalara una flor.
Lo hacía ver tan simple...
Se que en algún segundo balbuceó mi nombre,
se llenó la boca de vino y no midió el silencio, por primera vez.
Al otro día elegimos no cruzarnos.
Yo caminé por mi pasto, descalza y hambrienta...
hubo lugar para tomar fotos mentales,
de esas que nunca van a poder sentir,
porque mi capacidad de descripción se limita con el viento.
Cuando volví sobre la almohada
repasé esas manos generosas y gentiles,
y me dormí pensando en que están a salvo en mi memoria
-con una flor-.

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