Encantada


Paseabas todo tu esqueleto imponente
sin sentir el peso de mis ojos,
que ya a esa altura
estaban legalmente divorciados de mi conciencia.
Quedan en la memoria emotiva tus dedos
repitiéndose en las líneas frías, resonantes,
y el pelo cegándote.
Todo lo que incendia es abrir el cielo y volarte una nube,
pero queda tiempo para romper esquemas.
No vale copiar!