
Vamos subiendo. Agilizando el tacto para recibir de a sorbos el color de la noche. Como viento de tornado, volvés y revolvés sin importar la distancia. Mientras respiraba una ciudad de tierra paciente, no pensaba más que en invitarte a caminar la cornisa...
Si saboreara esas piedras a la par de tus suelas, con tus uñas, con un poco de abismo, el sol -rayado- sería más fuego que nube. Y pido piedad a gritos, arrodillada sobre espinas de jazmines, para sostenerme de cabeza al piso, para no deshojar margaritas nuevas ya empolvadas con el ritmo de los tacos, cada vez.