Hombre sin nombre, anoche mi almohada te acercó. Sobre la silla de un bar, en el medio del campo, me miraste y conversamos con los ojos desde lejos.
Nosotros, que recurrimos a las letras para contar, y contarnos, pronunciamos las palabras que quedaron en el aire. Conocimos nuestras voces.
Así salimos despojados, sin nombres, sin estilos, sin tiempo a caminar con sonrisas. Ilógico y efímero, como todo sueño, junté flores e ilusiones mientras veía tu imagen desaparecer como por arte de magia. Maravillada desperté y salí al mundo dejando mi conexión principal.
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