De noche


Los dedos de los pies no dejan de moverse. Buscan a mis oídos que siempre están inventando voces, menos la tuya, y entonces se atan en nudos que duelen. Claro, ese día que no me viste porque se hizo de noche, mientras un rayo partía la tierra, vos te masajeabas los cachetes preparándote para el golpe. Un día más en este laberinto de ausencias, y voy a ver pasar tu memoria llena de uñas anónimas clavadas a la izquierda de tu razón.