Salvajismo al atardecer


Una tarde, de un año que no recuerdo y de un mes más que olvidable, todo pareció volver a tomar color.
Suspiros entre suspiros se paseaban tatuándose de un oído a otro... y el salvajismo no tenía desperdicio. Solo intuición, puro sentir.
Delegando al sillón los trapos y palpando el vacío del aire, un único beso sobrevoló la sensatez, entonces hubo un turquesa salpicado por las paredes y un verde en los pies .

Y podría haberse escuchado en ese barullo el latido de mis venas, descontroladas, jugosas.
Antes de que el ocre se acomode guardé una foto en la caja gris.
No vale copiar!