
Sin pensarlo, sin notarlo, sin sentirlo se volvieron a besar.
Las bocas mojadas se abrieron y los labios, ya paspados, sangraron.
Ningún sonido acompañó el silencio,
no dejaron en su memoria ni el calor del café que compartieron temprano,
cuando volvían a ser desconocidos y se terminaban de ahogar los jadeos.
Los labios paspados sangraron.
Ella ya no quería recordar, ni sus dedos rozar sutilmente.
Esa tarde se volvió muy oscura para sus jeans sin estrenar...
Imágen de 2.bp.blogspot.com