
Sobre tejados de locura y a veces hastío, anduviste alborotando el aire, y cuando caíste entre las flores más lindas, dejaste de pensar en lo poco que moría atrás.
Qué valor elegís darle a las cosas, a la fragilidad de la luna o a tu bolsillo descosido. La respuesta quedó haciendo eco en el vacío de mi tacto y entendí que dar media vuelta y marchar es algo que alguna vez tiene que pasar.